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Ser papá de un niño superdotado: lecciones de humildad

Actualizado: 2 de jun de 2020

“Y así es como una estrella se transforma en supernova.” pronunció el narrador del documental antes que Alexander lo pausara con el control remoto. Se levantó de la cama de un salto y abrió la puerta que conectaba su baño con la habitación continua. “¿Qué haces Mariana?” le dijo a su hermana. “¡Ay Alexander! Toca antes de entrar. “Me asustaste.” reclamó Mariana. Alexander se entrometió en la habitación y observó el contenido del cuaderno por encima del hombro de Mariana “¿Álgebra? ¡Pff bien fácil! Lo estás haciendo todo mal, ni le entiendes.” dijo Alexander mientras salía disparado hacia la cocina entre insultos y reclamos de su hermana mayor.


Alexander cursaba el quinto año de primaria a sus 10 años de edad. Iba adelantado un año. Su papá era Arquitecto y su mamá Doctora. Su hermana Mariana de 16 años, cursaba la preparatoria. A Alexander le apasionaba la astronomía y la astrofísica. Desde los 5 años había adquirido una fascinación por el Universo y sobre cómo funcionaba. No solo era un niño afortunado, también era bastante privilegiado y tenía un don. El coeficiente intelectual de Alexander estaba tan solo 3 puntos por debajo del de Albert Einstein. En una evaluación, lo diagnosticaron como “superdotado” 


A Alexander le iba muy bien en la escuela. Sacaba cien, estaba en el cuadro de honor, terminaba las tareas, proyectos y actividades mucho antes que todos. Había aprendido a leer y a escribir antes de los 5 años. Sin embargo, le costaba un poco socializar. Constantemente se aburría en clase y los juegos e intereses de sus compañeros de clase le parecían banales e infantiles. Perdía el interés muy fácilmente. 


Se enteraron de su diagnóstico un día que llamaron a sus papás del colegio. Alexander tenía apenas 7 años y estaba en segundo de primaria, cuando su Maestra informó a sus padres que su hijo había reventado una caja de jugo contra una pared durante el recreo. Lo que desconcertaba a la Maestra no era tanto el problema de conducta, le inquietaba cómo un niño a tan corta edad, había podido diseñar una catapulta con ligas y lápices que convirtiera un simple jugo en un proyectil. Al parecer Alexander llevaba todo el ciclo escolar con su proyecto escondido bajo el pupitre, atendiéndolo en cuanto terminaba cada actividad, que siempre era mucho antes que los otros niños.


Después de llevarlo a una evaluación y de enterarse de que su hijo pensaba casi igual que Einstein, sus papás entendieron que Alexander podría llegar muy lejos, pero tampoco querían privarlo de su infancia. En cuanto se enteraron de su diagnóstico se sumaron a un grupo de papás con hijos superdotados.“El próximo año sacaremos a Felipe de la escuela. Vamos a ver si lo aceptan en el MIT como ingreso temprano” “Nosotros llevamos 2 años en Home School con Carla. Nos ha ido genial” decían algunos de los padres en las reuniones mensuales, pero Sergio y Victoria no querían eso para su hijo. Querían que hiciera amigos en su generación, que disfrutara fiestas de cumpleaños, graduaciones, presentaciones y festivales, que adquiriera disciplina y sobre todo que fuera humilde a pesar de su inteligencia.


Un día Alexander llegó de la escuela desencajado y muy enojado “¡Saqué un 7! ¡Yo! No es posible. Tienes que hablar a la escuela.” Le dijo a su padre. “A ver hijo ¿qué pasó?” indagó Sergio “Pues que el Maestro de Deportes me puso 7 porque no hice los ejercicios que él decía.” replicó Alexander. “Pero ¿sí podías hacerlos?” le preguntó su padre. “¡Sí, pero es que no tiene sentido! Correr alrededor de la cancha y tocar unos conos ¿Cómo me va a calificar por eso? ¡Además soy yo! ¡Soy más listo que los demás, incluso más que ese Maestro! ¡No puedo sacar 7!” proseguía Alexander en su berrinche.


“Alex, te voy a contar una historia.” dijo su papá aprovechando el momento para compartirle una importante lección. “Tú que eres fan de las estrellas ¿Sabes todo lo que tuvo que pasar para que estuvieras aquí?” le preguntó a su hijo. “¡Sí, el Big Bang!” respondió Alex al segundo. “No solo eso hijo. Muchas circunstancias tuvieron que alinearse para que tú y yo estuviéramos aquí. Condiciones atmosféricas, concentraciones perfectas de partículas y elementos que dieran vida a las células. Siglos de evolución…” “Todo eso ya lo sé papá ¿a qué viene el cuento?” lo interrumpió Alexander.


“A que somos conjuntos de átomos que milagrosamente se mantienen juntos, pero que a la vez son insignificantes comparados con la inmensidad del Universo ¿Acaso eso no te hace sentir pequeño? No siempre tienes que ser el mejor, ni sacar siempre 100 y sobre todo, aunque seas más inteligente, no eres ni más ni menos que nadie, eso grábatelo bien. La humildad es una virtud que pocos reyes poseen, Alex y no se trata de pensar menos de tí, si no menos en tí. Si vives a través de ella, te abrirá puertas y hablará de tu grandeza. En esta Tierra hay muchos humanos, todos diferentes y especiales, cada uno con diferentes tipos de inteligencia. Quizá no se te dé mucho la kinestésica o los deportes como a tu compañero Sebastián. Quizá por eso tengas un 7 en Deportes y muy probablemente también porque no eres humilde, ni respetas a tu Maestro. Recuerda que somos solamente una estirpe avanzada de monos en una estrella ordinaria. Pero podemos entender el universo. Eso nos hace muy especiales.” 


“De acuerdo Papi ¿Pero de verdad era necesario citar a Stephen Hawking?” preguntó Alexander. “Sí hijo” dijo Sergio entre risas “y por si no te había quedado claro, me pidió que te dijera que el mayor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, si no la ilusión del conocimiento.”



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